Hay días en que la realidad te da una bofetada a plena luz del día. Hoy fui golpeada por ella de una forma tan hermosa y sutil, de una manera tan agresiva y dulce a la vez, que no me quedó más que recibirla con una sonrisa y saborear ese impacto agridulce con el que me quedaría el resto del día. Es bueno en ocasiones que "la vida", por llamarlo de alguna manera, te de un tirón de orejas y te indique el camino por el que quiere que vayas, convenciéndote de que tus decisiones últimamente no ha sido las más brillantes. Así me siento hoy, como una niña regañada por su propia conciencia, castigada y reflexionando acerca de lo que cree estuvo mal.
Es cierto que la vida se basa de prueba y error, pero que difícil es darse cuenta que algunas de nuestras decisiones nos llevan realmente a arruinar cosas que hubiéramos preferido mantener en el lado de los "aciertos". Claro, a nadie le gusta equivocarse pero todos alardeamos cuando sabemos que hemos metido la pata diciendo: "oh, esto me va a servir para aprender y madurar", ¡patrañas! por dentro estamos enojados con nosotros mismos por no haber tenido el control de la situación que nos llevó hasta ese punto.
Al final de cuentas nuestro "error" va a depender de si los resultados que obtuvimos fueron los que esperábamos. Hoy no lo fueron. Me llevo gustosa mi dosis diaria de realidad.

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